martes, 28 de abril de 2020




El Liderazgo Vincular

“El liderazgo no comienza en el momento de tomar la decisión, o
de desarrollar la acción, sino en la manera de mirar”.[1]

Uno de los más grandes desafíos que tienen los líderes de las organizaciones es desarrollar una visión del camino que debe seguirse, ya que nadie puede construir un liderazgo sin ver un destino que valga la pena transitar.
Nuestra visión está atravesada por nuestras categorías mentales, la manera de ver la vida, los valores y deseos. En una misma situación podemos ver una persona picando piedras, construyendo un muro o levantando una catedral. Los hechos y circunstancias serán los mismos, pero la forma de interpretarlos distinta. Esto no quiere decir que el líder tiene que tener una mirada alejada de la realidad, pero sí dependerá de él ser quien transmita a su equipo la visión.   
Viene a mi memoria el famoso caso de Kodak. En un período muy corto de 14 años, desde el año 2000 al 2014, se produjo un cambio tecnológico y cultural enorme, que terminó llevando a Kodak a su bancarrota. En el año 2000 Kodak tuvo un récord de 80.000 millones de fotos en papel. En el 2014 se subieron por día un promedio de 1.800 millones de imágenes digitales a las redes sociales, lo que equivale a 657.000 millones de estas imágenes en el año. Como dice Alejandro Melamed, “… en ese año se tomaron más fotos que en toda la historia de la fotografía.”[2]
En el año 1975, en los laboratorios de investigación de Kodak, el ingeniero Steven Sasson presentó internamente un prototipo de cámara digital sin película. En ese momento no tuvo una buena acogida y sus colegas lo desafiaron, cuestionándole la utilidad de una cámara de esas características. Sin perjuicio de ello el invento fue patentado por Kodak como la primera cámara digital del mundo, pero rápidamente fue archivado.
En la década de los 90 comenzaron a lanzarse al mercado las primeras cámaras digitales. Kodak era consciente que la cámara digital cobraba cada vez más importancia, por lo que decidió dedicarle importantes recursos a su desarrollo. En el 2005 ocupó el primer lugar en el ranking de venta de cámaras digitales de Estados Unidos de América. Pero estas cámaras no generaban demasiados beneficios económicos para Kodak.
Entonces, ¿cuál fue su verdadero error? La equivocación fue cerrarse en su propio mundo y fijar su estrategia en una sola dirección, apostando únicamente por las cámaras de fotos en un mundo que se dirigía sin frenos hacia el uso de las cámaras fotográficas en los teléfonos móviles.
A diferencia de lo que sucedía con las películas de color, cualquier persona podía armar un sensor y un procesador e introducir su producto en el mercado. Parecía que llegaba la época de la accesibilidad masiva. Y Kodak, que en sus orígenes había promovido la popularización de la fotografía, llevando su acceso al alcance de todos, no supo incorporar las innovaciones y los cambios del nuevo siglo.
Kodak tuvo miedo a que el cambio digital destruyera su negocio de películas e impresiones fotográficas. Y pensaron en frenar los avances digitales con un marketing agresivo. Este temor le impidió ver la realidad que se avecinaba y a interpretar correctamente las pérdidas de mercado que empezaba a sufrir.
En el año 2012 Kodak entró en quiebra.
¿Qué nos enseña lo ocurrido a Kodak? ¿Es posible gestar un camino que nos permita tener una visión más amplia y completa de la realidad que de alguna manera nos amplíe el horizonte y nos lleve a ser más exitosos?

Las actitudes del alcalde de Seúl y Enrique Shaw.
Una posible respuesta la encuentro en la actitud que tuvo el alcalde de Seúl, Corea del Sur, Park Won-Soon, quién en agosto de 2018, decidió mudarse con su mujer al peor tipo de vivienda de la ciudad de Seúl: un humilde ático en el barrio obrero de Gangbuk-gu.
En esta vivienda de 30 metros cuadrados, dividida en dos minúsculas habitaciones sin aire acondicionado, Park decidió vivir y trabajar los siguientes 30 días, en la zona del norte de la ciudad, para conocer con su propia experiencia cuáles son los problemas y las dificultades a las que tiene que hacer frente la población menos favorecida de Seúl, una ciudad de casi diez millones de habitantes en la que la mayoría de quienes viven por debajo del umbral de la pobreza, sobre todo ancianos y jóvenes estudiantes sin recursos, reside en este tipo de viviendas, que son un horno en verano y un congelador en invierno.
"Las soluciones a sus problemas se encuentran sobre el terreno, no en mi oficina del Ayuntamiento", declaró Park a la prensa mientras se mudaba.
Park comprendió que no alcanzaba con conocer en cifras lo que ocurría en el barrio de Gangbuk-gu, sino que era necesario vivir lo que ellos vivían. Descubrió con humildad y coraje, la limitación del mero conocimiento frío de los números, y que la experiencia vital es insustituible.
El empresario argentino Enrique Shaw[3] vivió un proceso similar al de Park, al buscar conocer por sí mismo lo que vivían los operarios de la empresa Rigolleau. Cito unos ejemplos de su vida laboral, en la que algunos testigos recuerdan la forma cómo Enrique Shaw se vinculaba con la gente: “… se paró a conversar con nosotros, se nos puso a la par y empezó a preguntar amigablemente: ¿cómo están ustedes?, ¿cómo se encuentran? Me gustó y me impresionó que quisiera averiguar cómo estábamos, me extrañó porque venía con un overall amarillo y que viniera a preguntar. Los directores venían de traje y corbata …. Le gustaba ir personalmente a los lugares de intenso calor por donde estaban los hornos …”[4]
Lo cierto es que sólo desde el contacto de la vida compartida nos abrimos a una experiencia de la verdad que nos falta desde una mirada sólo racional.
Se trata por lo tanto de un proceso de vinculación de aquellos aspectos que muchas veces los percibimos, pero no los vivimos, y de esta forma los disociamos.
Esta actitud es la que podríamos definir como mecanicista, es decir aquella forma de relacionarnos en forma segmentada y parcial con la totalidad de la realidad, dividiéndola en distintas partes: por un lado, la idea y la información, y por el otro la vida. Sólo la unión de estas dimensiones nos permitirá tener una experiencia orgánica del mundo.

Un Liderazgo Vincular
Este proceso orgánico de vinculación del conocimiento racional y el vivencial nos lleva a un liderazgo que podríamos llamar vincular, que implica una actitud vital de ir hacia los demás llevando la verdad original de nuestra vida, abriéndonos a recibir de los demás sus vidas y verdades.
José Kentenich nos habla de este proceso de aprendizaje diciéndonos que “… consiste en mantener un vivo contacto. Un contacto vital … la vida que poseo y que brota de mí quiere ser traspasada al otro.
Pero no sólo yo salgo al encuentro de la persona que tengo ante mí, sino que ella también sale a mi encuentro. Yo despierto vida, vida que es original, y yo asumo esa vida en mi propia persona.
Por lo tanto, no sólo soy yo quien engendro. El que está ante mí también realiza un acto creador … el que está ante mí también ejerce la acción de engendrar vida respecto a mi persona, tal como yo frente a él, e incluso tal vez en forma mucho más vigorosa que yo.
Si no asumo la corriente de vida que brota del otro, si no la incorporo en mi corriente de vida, no se logra generar una fuerza creadora, no se produce la acción de engendrar. La persona que está ante mí es un ser espiritual vivo, y éste no sólo se deja formar por otro: a su vez también quiere actuar creadoramente … no consiste únicamente en actuar engendrando sino también en ser formado uno mismo por esa acción de engendrar … Este proceso llega a establecer una profunda y real comunidad de vida.”[5]
Esta actitud es justamente la que tuvieron Enrique Shaw y Park Wo-Soon. Ambos entendieron que, sólo compartiendo sus vidas y abriéndose a la vida de los otros, podrían completar sus miradas y tener un conocimiento más acabado de la realidad.
Resulta imprescindible para generar estas corrientes de vida, que salgamos al encuentro de los otros con nuestra vida, y estemos dispuestos a recibir la vida que brota de ellos. Esto implica abrirnos, hacernos vulnerables y tener una actitud de escucha y apertura tal que nos dejemos transformar por la verdad y la vida que también trae el otro.
Sin esa apertura a dejarnos traspasar por la vida del otro con una acogida tal que seamos capaces de recibir la vida de los demás, difícilmente podamos conocernos, vincularnos y despertar vida en ellos y ellos en nosotros.
Vivir vinculados es una manera más perfecta de conocer y de ser, dado que ambos aspectos se unen y enriquecen mutuamente. “Los hombres logran vincularse cuando están abiertos a su propio yo y a su prójimo”.[6] Los testimonios de Enrique Shaw atestiguan esta actitud:“… era el único que saludaba de los que tenían mucho cargo … llegaba y saludaba a todos … iba a saludar a los obreros … se mezclaba con los obreros como si fuera uno más ….” [7]
Es probable que Kodak se paralizara en la posición dominante que tenía por la venta de películas e impresión fotográfica, lo que le impidió vincularse con las corrientes de vida que se estaban produciendo y le bloqueó este intercambio vital, impidiéndole ver un poco más allá.
La lógica del enriquecimiento mutuo, a través de la apertura a que exista un encuentro entre ambos sujetos que quieran realizar actos creadores, llevará a gestar corrientes de vida con resultados superadores.
No sabemos si el mecanicismo llevó a Kodak a no ver los cambios que se estaban produciendo en la industria fotográfica, pero sí sabemos que la adopción de un liderazgo vincular, la hubiera llevado probablemente a desarrollar una mirada más integral, orgánica y completa del mundo y la fotografía, que quizás le hubiera permitido comprender mejor los cambios que se avecinaban y adaptarse a ellos.
Llevar adelante un liderazgo vincular nos ampliará la visión del mundo y nos conducirá a gestar un camino superador del mecanicismo reinante.

Carlos E. Barrio y Lipperheide
24 de septiembre de 2019


[1] Ángel Castiñeira – Josep M. Lozano. “El Poliedro del Liderazgo. Ed. Libros de Cabecera (2012), pág. 227
[2]Alejandro Melamed. “El futuro del trabajo y el trabajo del futuro”. Editorial Planeta (2017), pág. 99.
[3] Enrique Shaw fue un empresario argentino (nacido en París26 de febrero de 1921 – fallecido en Buenos Aires el 27 de agosto de 1962), que por su vida ejemplar, la Iglesia ha abierto su proceso de canonización.
[4]Sara Shaw de Critto. “Viviendo con alegría”. Editorial Claretiana (2017), págs. 105 y ss.
[5]José Kentenich. “Desafíos de nuestro tiempo”. Editorial Patris (1985), págs. 43 y 44.
[6]José Kentenich “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris Herbert King (2015), pág.226.
[7]Sara Shaw de Critto. “Viviendo con alegría”. Editorial Claretiana (2017), págs. 105 y ss.



La soledad en la empresa y la sociedad en la era de la comunicación

Vivimos en un mundo desarraigado en el que cada día nos sentimos más solos y aislados de los demás.
La creciente incorporación tecnológica en el trabajo nos coloca frente a artefactos electrónicos con los que no podemos interactuar humanamente, pero de los que no podemos prescindir para realizar nuestras tareas.
A esta relación hombre-tecnología se suma la creciente aceleración de las actividades laborales a la que nos vemos presionados todos los días, condicionando nuestro éxito o fracaso.
Nos dice Thomas L. Friedman que “… no estar disponible para los amigos y la familia, no hallar tiempo para la puesta de sol … cumplir zumbando nuestras obligaciones sin tomar aliento conscientemente, se ha convertido en el modelo de una vida exitosa”. [1]
Esta carrera tecnológico-laboral nos pide estar siempre actualizados y por ende a vivir permanentemente aprendiendo sobre los cambios diarios que nos invaden y presionan.
Pareciera que nuestro mundo económico y utilitario ha invadido todas nuestras esferas humanas. El detenernos nos parece poco productivo y por lo tanto lo desvalorizamos, perdiendo de esta forma contacto con nuestra interioridad, las personas que nos rodean y la sensibilidad para captar lo sutil y valioso que ocurre todo el tiempo a nuestro alrededor.
Pero lo cierto es que “ … el hombre está estructurado de tal manera que sólo halla su plenitud en la entrega a una persona, en la entrega a un tú personal” [2]
Leí en el diario La Nación un artículo que me impactó. Decía la periodista Silvia Pisani que “el 6% de la población europea -unos 30 millones de personas- no puede pedir ayuda a nadie o no tiene con quién hablar de sus problemas personales, de acuerdo con datos oficiales del Eurostat.”
“La soledad será una de las nuevas epidemias para Europa, suelen decir los demógrafos. Los casos de mayores en problemas por estar solos se han vuelto tan acuciantes en algunos países que llevaron a sus gobiernos a tomar medidas específicas. En Gran Bretaña -todavía dentro de la UE- la primer ministra Theresa May, se vio forzada recientemente a crear una Secretaría de la Soledad.”
Me impactó muchísimo tomar consciencia de la creación de esta Secretaría. Es más, diría que nunca pasó por mi cabeza sospechar que esto podría llegar a ocurrir.
“En Gran Bretaña el problema afecta a nueve millones de personas. De ese total, 200.000 llegaron a reconocer que no habían hablado con nadie "en el transcurso de un año", de acuerdo con el detallado estudio que dio paso a la creación de esa secretaria … El sondeo demostró que los casos son más frecuentes en grandes ciudades.[3]
Esta información contrasta con la “hiperconectividad” en la que vivimos inmersos, a través de las redes sociales, que paradójicamente nos aísla en una relación individual con una supuesta comunidad virtual a la que accedemos a través de las redes sociales. La conexión es en la “matrix”[4] virtual, pero no en la vida real de relación.
A mi modo de ver, es un error creer que esta pandemia comienza cuando la persona termina su actividad laboral por alcanzar una cierta edad, en la que deja de ser valioso para el mundo productivo, se lo descarta y se retira al ámbito de su vida privada. Por el contrario, el mundo laboral contemporáneo tiende a ser solitario e individualista, carente de vínculos, llevándonos a una progresiva fragmentación y atomización social, y dejándonos a la puerta de la depresión, por la pérdida de sentido de la vida.
Según Byung-Chul Han somos trabajadores “multitasking”, que vivimos en un mundo con “… un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. (…) La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiper atención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos.”[5]
En este mundo de excesiva actividad nos resulta muy difícil detenernos y escuchar. “El don de la escucha se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual al ego hiperactivo ya no tiene acceso.”[6]
Todo ello nos está llevando a una soledad humana y productiva, en la que no nos detenemos a mirar y contemplar. Estamos perdiendo nuestra capacidad de relacionarnos desde lo humano. Sólo nos conectamos en función de la utilidad económica. La consecuencia necesaria es el incremento del vacío, la depresión y la soledad en la que vivimos. “El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima (…) El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación.”[7] Así, según Byung-Chul Han, “el exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.”[8]  
¿Qué hacer frente a este vacío existencial, que nos ha llevado a un mundo solitario, egocéntrico y narcisista?
La respuesta más certera que encuentro es desarrollar nuestra capacidad de estrechar los lazos humanos, de forma tal de “… estar afectiva y espiritualmente uno con el otro.”[9] Poder estar “uno con el otro” requiere abrir nuestro corazón y estar dispuestos a vivir el mundo de quienes nos rodean, con todos sus anhelos, dolores y necesidades, lo cual nos llama a una escucha empática, en la que al escuchar, vivamos lo que los otros están sintiendo y necesitando, y nos hagamos un poco “los otros”.  Kentenich llama a esto “hogar”[10], ser “hogar” para otros. Es una forma afectiva y espiritual de relacionarnos con los otros, en la que acortamos la distancia y nos dejamos afectar por sus vidas, acogiéndolos con todo nuestro ser en nuestro corazón.
¡Me entusiasma esta definición de hogar, más amplia y abarcadora de la que comúnmente estamos acostumbrados a pensar, que incluye a todos los hombres en sus relaciones y en cualquier circunstancia!  Sostiene Kentenich que “hogar es aquella porción de nuestro ámbito vital, físico, anímico y espiritual en la cual recibimos y damos cobijamiento y que es, a su vez, símbolo del cobijamiento en Dios.”[11] Este cobijamiento sólo es posible si somos capaces de estrechar los vínculos y hacernos cercanos a quienes nos rodean.
Alguien podrá pensar que mi propuesta sólo puede aplicarse al ámbito personal y privado, pero no al mundo laboral y empresario.
Yo creo que, por el contrario, es decisivo y determinante incluir al ámbito laboral-empresario. De lo contrario nuestra respuesta se dirigirá exclusivamente al mundo de nuestras vidas privadas y sería parcial, mecanicista y no habríamos sanado la forma aislacionista y utilitaria que tenemos de relacionarnos en el trabajo.
En igual línea a lo recomendado, Enrique Shaw considera que la empresa debe ser como “hogar de relaciones humanas.”[12] Es decir que la empresa debe tender a generar un clima en el que podamos sentirnos afectiva y espiritualmente uno con el otro y no aislados y desconectados, sin que esta actitud nos lleve a perder el objetivo propio de una empresa que es producir bienes y servicios.
Kentenich nos señala esta enfermedad contemporánea al decirnos que “el desarraigo del hombre de hoy es resultado de la falta de vivencia de hogar. Aun cuando posea tierra, casas, a menudo no tiene hogar, le faltan esas vivencias.”[13] Por ese motivo “… la gran tarea es generar arraigo, luchar por el arraigo en todos los frentes … Debemos preparar al hombre un hogar en el hombre y en lugares concretos.” [14] y estos lugares deben incluir necesariamente el ámbito laboral, para que la vida sea orgánica e integral.
Hemos desarrollado una mirada tan marcadamente utilitaria de la empresa que muchos piensan que la aplicación de este cobijamiento espiritual, llevará a perder su rentabilidad y la debida exigencia para alcanzar las metas que se propone. Pero la realidad es muy distinta: es esta exclusiva búsqueda de metas utilitarias la que deja fuera del espíritu de sus miembros el sentido comunitario de llevar adelante una tarea en común y termina afectando a la empresa.
La empresa Google se encuentra actualmente diseñando una nueva sede. “La idea es simple: en lugar de construir edificios de concreto inamovibles, crearemos estructuras con bloques ligeros que se puedan mover con facilidad a medida que invirtamos en nuevas áreas de producto”, escribió David Radcliffe, vicepresidente de propiedad inmobiliaria de Google, en el blog de la compañía. “Grandes marquesinas translúcidas cubrirán cada sitio, controlando el clima en el interior, pero permitiendo la entrada de la luz y el aire. Con árboles, jardines, cafés y ciclopistas serpenteando a través de esas estructuras, nuestro objetivo es borrar la distinción entre edificios y naturaleza.”[15]
En este futuro entorno de integración de la naturaleza y trabajo, seguramente las personas se sentirán más a gusto, pero ¿se sentirán más cercanas, habrá más encuentros y menos soledad?
Antoine de Saint Exupéry señala que “Tú no puedes amar una morada que no tenga rostro y donde los pasos no tienen sentido.”[16] Este es el gran desafío de los líderes contemporáneos: transformar la cultura laboral mecanicista, ”multitasking”, de excesiva carga,  que nos agota y conduce a la soledad y el vacío existencial, por un trabajo que una la eficiencia y la rentabilidad con la alegría, el encuentro y la creatividad. 
Acompañemos las soledades de la vida actual llevando la alegría que surge de acercarnos con nuestro corazón al corazón de quienes nos rodean dentro y fuera de nuestro ámbito laboral, para así generar una comunidad de corazones.



Carlos E. Barrio y Lipperheide
6 de julio de 2019
carlosebarrio@gmail.com




[1] Thomas L. Friedman. “Gracias por llegar tarde” Editorial Paidós (2018), pág. 16.
[2] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 255
[3] Silvia Pisani. La Nación 6 de abril de 2019.
[4] Utilizo este término refiriéndome a la película “Matrix”, de ciencia ficción escrita y dirigida por las hermanas Wachowski y protagonizada por Keanu Reeves, en la que se confunde la realidad de la vida con la que, supuestamente, se vive en la red que se crea a través de una conexión mental.
[5] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), págs. 33-35
[6] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), pág. 36
[7] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), págs. 30-32
[8] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), pág. 72
[9] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 173.
[10] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 173.
[11] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 180.
[12] Enrique Shaw. “Notas y apuntes personales”. Editorial Claretiana (2013), pág. 53.
[13] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 286.
[14] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 286.
[15] Forbes México, 25 de mayo de 2019.
[16] Antoine de Saint Exupéry. “Ciudadela”. Editorial y Librería Goncourt (1983), pág. 22.



EL LIDERAZGO KENTENIJIANO COMO RESPUESTA AL CAMBIO TECNOLÓGICO EN LAS EMPRESAS

Vivimos en una era de permanentes cambios. El avance de la tecnología está generando la necesidad que nos adaptemos continuamente a nuevos escenarios humanos y laborales, lo que hace que el futuro resulte difícil de prever. En este sentido comenta Andrés Oppenheimer que la “Universidad de Oxford pronosticó que el 47% de los empleos corren el riesgo de ser reemplazados por robots y computadoras con inteligencia artificial en Estados Unidos durante los próximos 15 o 20 años”.[1]
Si bien Argentina y los demás países en vías de desarrollo no son Estados Unidos de América, los cambios tecnológicos tienden a expandirse por el mundo a una gran   velocidad.
Esta tendencia hacia un mundo tecnológico que jaquea el trabajo y la forma de producir, es confirmada por la llamada Ley de Moore, que sostiene que la potencia de los microchips se duplica cada 2 años, lo cual nos coloca frente a la necesidad de modificar en forma casi permanente los procesos productivos y de servicios que ofrecemos. Thomas L. Friedman dice que si tomamos por ejemplo “… un microchip Intel de primera generación de 1971, el 4004, y el último que ha lanzado al mercado, el procesador Intel Core de sexta generación, verás que el último chip ofrece 3.500 veces más rendimiento, es 90.000 veces más eficiente en lo energético y su coste es 60.000 veces menor”. [2]
Estos avances nos confrontan con la necesidad de adaptarnos a nuevos escenarios cambiantes en el mundo laboral y empresario. La adaptabilidad está resultando un factor clave a tener en cuenta en quienes trabajan, para no quedar al margen.
Los líderes se enfrentan a nuevos desafíos en los que las llamadas “competencias blandas” (en oposición a las “duras”) ganan cada vez más terreno en importancia, por la importancia que tiene la adaptación del ser humano a estos nuevos escenarios.
Dice John C. Maxwell que “La educadora y autora Bruna Martinuzzi cita un estudio realizado por una organización denominada EconomistIntelligenceUnit [Unidad de Inteligencia Economista]. Allí se identificaron las tres cualidades de liderazgo que serán importantes en los años venideros: «la capacidad de motivar al personal (35 %), la capacidad de trabajar bien de modo transcultural (34 %), y la capacidad de facilitar cambios (32 %)». Estas tres cualidades precisan de la adaptabilidad.
Un estudio más reciente desarrollado por Right Management [Gestión correcta] y publicado en The Flux Report [El reporte del cambio] deja en claro que la adaptabilidad es una necesidad que solo va en aumento. El mismo afirma que el 91 % de las contrataciones futuras del mercado laboral se basarán en la capacidad que tengan los individuos de tratar con el cambio y la incertidumbre. Los buenos líderes se adaptan. Cambian. No permanecen estáticos porque saben que el mundo que los rodea no permanece estático. Esto siempre ha sido así, pero nunca ha resultado más evidente que hoy, ni la capacidad de cambiar rápidamente ha sido más importante que en la actualidad.”[3]
El efecto que se está produciendo en los líderes frente a esta necesidad de adaptabilidad,es el de un cierto estado de incertidumbre e inseguridad, por no tener muy en claro cuál es el rumbo a seguir y no alcanzar la debida adecuación a estos cambios. El desafío esdesarrollar la capacidad de adaptarse sin perder el enfoquehacia dónde ir.El cambio tecnológico nos obliga a cambiar nuestra forma de pensar, liderar y actuar en el trabajo,perosin perder el rumbo. ¡Ese es el desafío del liderazgo actual!
Encuentro en José Kentenichuna sabia respuesta al dilema planteado, al proponernos un liderazgo novedoso, basado en desarrollar“vínculos jurídicos sólo los necesarios, libertad cuanta sea posible, y cultivo del espíritu en todos los aspectos y de manera plena y asegurada”[4]
Kentenich nos propone “una fuerte limitación o reducción adecuada del poder en lo organizativo-jurídico, unida a una plenitud de poder extraordinariamente rica en lo vital.”[5]
La fórmula de Kentenich es la adecuada respuesta para el liderazgo contemporáneo, en la que se requiere una gran flexibilidad y adaptabilidad, sin perder el enfoque del rumbo.
La tendencia a fortalecer los vínculos jurídicosy/u organizativos en la empresa, que en el pasado la llevaron al éxito, es la tentación de muchas empresas y líderes, que buscan “asegurar” los logros obtenidos,creyendo que el éxito del pasado se repetirá sin solución de continuidad, si se refuerza la fórmula empleada. Hay muchos ejemplos que nos muestran este fracaso, como Kodak, Blockbuster o Blackberry, por citar algunos.
Muchas veces las empresas se orientan por una determinada -y rígida- concepción de sí mismas, que termina encorsetándolas en una forma fija de producir, gerenciar, relacionarse con los empleados y el medio social, corriendo el riesgo de producir un vacío del espíritu y pérdida de contacto con lo profundo y auténtico del trabajo y la persona. Y por el otro lado -a partir de esta mirada- tienden a reforzar las estructuras organizativas para asegurar esta concepción de sí misma.
Tenemos que ser conscientes de la vigencia del viejo axioma citado por Kentenich, que sostiene que “el espíritu se crea una forma; la forma protege el espíritu, pero conlleva el peligro, con el paso del tiempo, de devorarlo.”[6]
Es la primacía del cultivo del espíritu en el líder kentenijiano, lo que le permitirá dar respuesta a las nuevas cualidades requeridas en el mundo laboral, como plantea Bruna Martinuzzi. Sólo un hombre lleno de espíritu será capaz de motivar a su equipo, comprender los cambios transculturales y facilitar los cambios. Sólo quien desarrolle un espíritu libre y creativo tendrá el oído atento a estas nuevas realidades y vivirá más desapegado de las rígidasestructuras organizativasque pretendan limitarlo.
Este espíritu es el que lo llevará a contactarse con los cambios verdaderamente profundos de cada momento, que se van gestando detrás de los cambios tecnológicos. Sólo una mirada atenta y descontaminada de lo inmediato y urgente, será capaz de ver la luz en el camino. 
Este liderazgo se regirá entonces por el modelo del hombre nuevo que nos propone Kentenich, como una “personalidad autorresponsable, interiormente libre e independiente, animada por el espíritu, que tiene voluntad de decisión y alegría en ella y que se mantiene alejada tanto de una esclavitud a la forma como de una arbitraria carencia de vínculos”.[7]
Este líder tendrá que estar abierto a detenerse para reflexionar las preguntas que nos haceJohn C. Maxwell: “¿Qué tan dispuesto está usted al cambio? ¿Está listo para empezar a hacer más preguntas en lugar de dar más respuestas? ¿Está preparado para convertirse en un mejor oyente, en un mejor observador?”[8]
El exceso de tareas que nos plantea la aceleración tecnológica en la que nos movemos, nos lleva  a que se siga cumpliendo lo que Gary Hamel y C. K. Prahalad señalaronhace ya más de 20 años atrás que “ … los directivos superiores  dedican menos de un 3% de su energía a generar una perspectiva colectiva del futuro”[9], tornándose esta tendencia como un círculo vicioso en lugar de virtuoso.
Sin una pausa reflexiva no podremos avanzar hacia el desarrollo de una visión enriquecida con el aporte de todos.
Como nos dice Enrique Shaw “sepamos escuchar con el propósito de comprender”[10]Sólo de esta manera podremos desarrollar el alma de la empresa, en  la que vayamos descubriendo una visión compartida que le dé sentido.
Sólo un hombre que “… cultive el espíritu en todos los aspectos y de manera plena y asegurada”[11]será el que podrá guiar el rumbo y hacer de la empresa “ … una comunidad de vida … un hogar de relaciones humanas”[12]en medio del permanente cambio tecnológico que debemos desentrañar y adecuarnos todos los días.



Carlos E. Barrio y Lipperheide
carlosebarrio@gmail.com
7 de mayo de 2019






[1]Oppenheimer, Andrés. ¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la automatización (SpanishEdition) (Posición en Kindle16-17). PenguinRandomHouse Grupo Editorial México. Edición de Kindle.
[2]Thomas L. Friedman. “Gracias por llegar tarde”. Editorial Paidós (2018), pág. 53.
[3]Maxwell, John C. Los cambios en liderazgo (SpanishEdition) (p. 6). Grupo Nelson. Kindle Edition.
[4]José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales” (Editorial Nueva Patris –Herbert King-, 2015), pág. 81
[5]Kentenich, José. El secreto de la vitalidad de Schoenstatt - Tomo 1 (SpanishEdition). Nueva Patris. Kindle Edition.
[6]José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales” (Editorial Nueva Patris –Herbert King-, 2015), pág. 82.
[7]Horacio Sosa Carbó. “El desafío de los valores””. (Editorial EDUCA, 2.000), pág. 174.
[8]Maxwell, John C..Los cambios en liderazgo (SpanishEdition) (p. 9). Grupo Nelson. Kindle Edition.
[9]JimKouzes. Barry Posner. “El desafío del liderazgo”. EditorialGranica (1997), pág. 172.
[10] Enrique Shaw. “Y dominad la tierra”. Editorial ACDE (2010), pág.43.
[11]José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales” (Editorial Nueva Patris –Herbert King-, 2015), pág. 81
[12] Enrique Shaw. “Notas y apuntes personales.”. Editorial Claretiana (2013), pág. 53.